Esto no es una Moleskine

La jícara de hace dos años

Sunday May 3, 2009

Creo que fue aquella la mejor clase que tuve de la materia de Letras Prehispánicas, pero al principio todo indicaba que simplemente alguien tendría que exponer sobre un libro, a fin de cuentas todos estábamos esperando que pasara un día mas para que se acercara el fin de semestre. Era miércoles y hacía tanto calor que no desconocí el mes de mayo. Treinta y dos grados en el periódico por la mañana, treinta y seis a la sombra en mi chorreante camisa.

En la jardinera estaba el profesor Wixarika, con sus ojos chiquitos y chispeantes platicando con una mujer; el profesor entró al salón acompañado de ella, quien se sentó a mi lado y de inmediato me percaté del perfume dulzón que traía consigo.

De reojo o cuando se distraía, pude notar la curiosa feminidad de su ajuar, pues era evidente que había tardado muchísimo en arreglarse (mis sospechas iniciales y únicas me decían que se atavió tan concienzuda y femeninamente para el profe). No, su vestido café de corte amazónico, su pelo revuelto en una coleta y su colorete en el rostro intentaba conquistarnos a nosotros, a los alumnos, ya que siempre se vestía con la ropa típica de su comunidad, pero ese día quería lucir “guapa” para nosotros: estudiantejos de letras que la recibimos afectuosamente  esa aura casi mística que llevaba consigo.

El profe nos pidió diez minutos, presentó a la mujer como Angélica Ortiz, también wixarika de la comunidad de Santa Catarina. Ella es poeta; con muchísima timidez y humildad, desenfundando la sonrisa y aclarando la voz, tomó un librito y comenzó. Tras leer tres o cuatro poemas - primero en huichol y luego en español - con su voz precisa para la ocasión me tenía boquiabierto. Cuando terminó, aplaudí con ganas, lo juro (y juro que no juraré más a menos que circunstancias como la anterior me obliguen).

Tras la lectura se sentó a mi lado, le pregunté por el CD donde venían esos  poemas y demás cantos, me dio los datos de dónde encontrarlos y comenzó a platicar conmigo sobre la poesía, sobre las perspectivas de la gente sobre la fe; luego -inocentemente- inclinó su cabeza para preguntarme si ya había leído el Código Da Vinci. Me dijo que pensaba ver la película porque había leído el libro, hice mueca de insatisfacción “No la veas, no te pierdes de nada (yo me quedé dormido) tienes suficiente con el libro…” le dije, “Es que me muero de ganas por ver a Silas” apuntó susurrando para no interrumpir la clase. Me pidió recomendaciones de otros libros, a lo cual sólo pude decir que los libros nos encuentran con voces que no son nuestras, como yo había encontrado su poesía en un día caluroso. Recuerdo que un poema mencionaba algo sobre las Jícaras, esas que tienen a la venta como artesanías. Busqué el poema que leyó y lo encontré, decía:

“Que entregue mi jícara sin ningún temor

dices que te gustaría que fuera tierra para tu semilla
así como se entrega Nuestra Madre Tierra.
Y yo digo, ya no sigas hablando,
ahora deja que tu corazón hable”

Luego encontré información al respecto:

Para los wixarika es muy importante dicho símbolo, porque en éste se escribe nuestra historia desde el nacimiento hasta la muerte. Como emblema de nuestra mitología, la jícara tiene tres momentos que representan un ciclo: la jícara-mujer, la jícara ceremonial y el surgimiento de la jícara (…) El sabio anciano es el que nos dice cómo debemos adornar la jícara y qué cosas tiene que llevar, entonces a través de ésta, las divinidades beben el sentir de la persona (…)en esto se contiene todo tu ser, con la jícara tendrás que guiarte en la vida…