Todo depende del muerto
«(…) Morir es dormir ¿No más?
¿Y por un sueño, diremos,
las aflicciones se acabaron,
y los dolores sin número,
patrimonio de nuestra naturaleza?
Este es un termino
que deberíamos solicitar con ansia
Morir es dormir… y tal vez soñar.»
- William Shakespeare, Hamlet.
Por los rescoldos indígenas de nuestra cultura, no nos es extraña la visión de la vida como un sueño, y que al despertar de él se viva en la muerte. Cuando se despierte del sueño se acabarán los dolores, se dice, también se acabaran los bienes que dejaremos por pura imposibilidad, no por falta de avaricia.
Tantas cosas se han dicho de Shakespeare que abruman al curioso lector, incluso tampoco es novedoso que se le nombre “chaquespeare” para justificar la castellanización que evade a veces la traducción de sus obras. ¿Qué ofrece el Inglés que no rechaza ni un tarasco?
Todos los hombres soñamos, por ende, el sueño suele apoderarse del soñador a tal grado que, en la soledad, se susurra si lo que vive no es un sueño lleno de gracia. Concuerdo con que deberíamos ser solícitos con el ansia de sueño, en pos del descanso y a sabiendas de que el sueño mismo es acción e insomnio.
Morir es dormir, pues, pero creo hay de sueños a sueños. Todo depende del muerto. Tal vez no sepa que está soñando o que está escribiendo.
Escribir es soñar, leer es despertar.